Los cálculos renales son una patología frecuente que afecta al diez por ciento de la población de países industrializados, por lo que se considera que uno de cada diez personas los padecerán en algún momento de su vida.
Si bien la litiasis urinaria, como se la conoce científicamente, aparece tanto en hombres como en mujeres, tiene una mayor frecuencia en varones de entre los 40 y 60 años. La condición puede manifestarse con dolores intensos o bien ser asintomática, deteriorando el riñón de manera silenciosa. Por esta razón, es preciso un diagnóstico temprano y tratamiento adecuado, para evitar posibles complicaciones graves para la salud.
¿Qué son los cálculos renales?
Un cálculo renal es una masa sólida similar a una piedrita que puede presentarse sola o en cantidades y alojarse en cualquier sector del aparato urinario (usualmente en los riñones o el uréter), con posibilidad de obstruir el flujo urinario desde los riñones hasta el meato uretral.
“Esta masa se forma a partir de un desequilibrio en la cristalización de sales minerales disueltas en la orina. Los cristales pueden estar compuestos por diversos componentes, siendo los más frecuentes (85 por ciento) las combinaciones de calcio con oxalato y fosfato. También se pueden encontrar otras sustancias como ácido úrico, compuestos de estruvita, cisteína o xantina”.
¿Cuáles son las causas?
Pueden ser variadas y, en general, están relacionadas a los hábitos. Desde el sedentarismo, una dieta rica en proteínas animales (carnes rojas o blancas), el sodio y un bajo volumen urinario por hidratación insuficiente y/o transpiración excesiva.
A su vez, su aparición puede relacionarse con antecedentes hereditarios y enfermedades asociadas como hiperparatiroidismo, acidosis tubular renal, infecciones urinarias, neoplasias y causas idiopáticas.
Importancia del tratamiento
La elección del tratamiento dependerá de distintos factores como el tamaño, la composición y la ubicación de los cristales; la sintomatología y los antecedentes médicos del paciente, entre otros.
“En general, cuando los cálculos son pequeños y no provocan ninguna molestia, se pueden eliminar espontáneamente a través de la orina. En estos casos, la patología se descubre a través de estudios por imágenes y la importancia del acompañamiento médico radica en el control y monitoreo del cuadro, como así en el seguimiento del proceso de eliminación”.
“En otras ocasiones -dice-, los cálculos pueden quedar atascados en el tracto urinario (riñones, uréter, vejiga o uretra) y bloquear el normal flujo de orina, provocando síntomas como los cólicos renales y aumentando el riesgo de padecer infecciones urinarias o daño renal. Aquí el tratamiento activo es indispensable para evitar complicaciones graves”.
El cólico renal es la manifestación más típica de la litiasis urinaria y se caracteriza por un dolor intenso, que comienza en la zona lumbar ó espalda baja y se irradia hacia el abdomen y los genitales. Puede acompañarse de náuseas, vómitos, sudoración y distensión abdominal.
“La litiasis también puede incitar la aparición de sangre en la orina (hematuria) por las lesiones que provoca el cálculo en la vía urinaria. Se puede observar a simple vista o descubrirse en un análisis de orina. Asimismo, cuadros reiterados de infección urinaria hacen sospechar la presencia de litiasis como causa o a consecuencia de la misma”.
Centro del Riñón
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